

Estás sintonizando la emisora de mi vida, cuya lineal musical va desde un bolero -cuando mis días se tornen grises- hasta una salsa -cuando mi alegría sufra un ataque de claustrofobia y desee salirse de mi corazón-. Estas son mis bocinas por las cuales emitiré mi peculiar manera de ver la existencia.




Por culpa del Vaivén y las presiones del día a día me olvidé de las cosas "chiquitas". Esas cositas que saben a gloria cuando los finos manjares saben a tierra. Cositas que te estremecen el cuerpo sin costar ni $100, y que te invitan a sonreir sin importar si tienes los dientes careados.
Por un momento me olvidé de ella, por estar metida de cabeza los 365 días del 2008 tras alcanzar las de mayor tamaño, entonces, la vida me dio una lección. Me recordó con astucia que como en la moda: "menos es más". Por ello en mi listado de metas para el 2009 agregué los siguientes deseos:
1. Música y con ella mi deseo de aprender a tocar las cuerdas de una guitarra. Sentirme libre con ella y, cantar... solo cantar.
2. Sonreír, aunque a veces lo olvide.
3. Viajar. Hacer turismo interno y revivir lo chulo que se siente tomar carretera y descubrir los secretos a voces escondidos en mi tierra.
4. Dejarme envolver por la grandeza de la naturaleza en todo su esplendor. Creo que pocas cosas se asemejan a ella, y darme par de tragos de agua de manantial (esa agua sabe a gloria, no como la de botellones)
5. Pintar. Es una deuda pendiente.
Después de terminada mi lista agarré mi calculadora y empecé a sumar, al final entendí que mi mayor inversión sería disposición, mientras que las ganancias netas serían incontables.










Anoche, fui a la Librería "La puerta del Cielo" y compré una nueva Biblia. Es hermosa y hasta bilingue. Siento que aprenderé mucho y, como siempre, el Señor Jesús estará ahí. pero, a pesar de la juventud y belleza de esta nueva integrante en mi vida, confieso que nunca dejaré a mi VIEJITA.






En medio del silencio de mi habitación y el gran bullicio que azota en estos días mi interior , una voz choca con la paredes de mi cuerpo, hace eco y pregunta : “Destino por favor, dime ¿Quién puede contigo?” Una pregunta que atraviesa mis entrañas y que al llegar a la “Máximo Gómez con 27” de mi vida, -digase la zona de mayor tránsito- se produce un gran taponamiento.